Besos en agosto
Es en estos días en los que empieza el buen tiempo es cuando empiezo a pasar por su casa. A veces cuando llega Semana Santa, otras veces antes, pero en cuanto el sol empieza a calentar por Málaga un poquito, cuando las tardes se alargan y el buen tiempo parece ya una constante en la primavera justo ahí, sin poner una fecha concreta empiezo a mirar las persianas azules de su casa por si aparece.
Durante todo el invierno permanece cerrada, la lluvia y el frio caen por esas ventanas cerradas a cal y canto, tan triste que parece que nunca nadie vivió allí.
Pero ayer se abrieron las ventanas, se levantaron las persianas, se abrió la verja que da a la parte de la playa y yo pasaba en ese instante y justo salía a sacar una maleta más. Está de espaldas, el estómago me duele aún al verle, me pongo nerviosa mientras ando hacia la puerta, las manos me tiemblan un poco, no se que frase decir cuando me vea. Ahí justo se gira y nos miramos, entonces es como si nunca hubiese pasado el tiempo, hace ya 18 años de aquel amor de verano, de aquel beso escondidos en un callejón tan estrecho que era imposible andar sin besarnos, un beso que duró horas, fue un beso con olor a mar, a aftersun, a anochecer y a jazmín, un sólo beso la noche antes de irse a Madrid.
Al vernos, después de tanto tiempo, con nuestras vidas más que hechas, sin ninguna cosa en común más que aquel beso veraniego sigue mirándome como me miró aquel atardecer en nuestro callejón. Esos amores de verano con los que soñaba todo el año y que nunca desaparecen.
Durante todo el invierno permanece cerrada, la lluvia y el frio caen por esas ventanas cerradas a cal y canto, tan triste que parece que nunca nadie vivió allí.
Pero ayer se abrieron las ventanas, se levantaron las persianas, se abrió la verja que da a la parte de la playa y yo pasaba en ese instante y justo salía a sacar una maleta más. Está de espaldas, el estómago me duele aún al verle, me pongo nerviosa mientras ando hacia la puerta, las manos me tiemblan un poco, no se que frase decir cuando me vea. Ahí justo se gira y nos miramos, entonces es como si nunca hubiese pasado el tiempo, hace ya 18 años de aquel amor de verano, de aquel beso escondidos en un callejón tan estrecho que era imposible andar sin besarnos, un beso que duró horas, fue un beso con olor a mar, a aftersun, a anochecer y a jazmín, un sólo beso la noche antes de irse a Madrid.
Al vernos, después de tanto tiempo, con nuestras vidas más que hechas, sin ninguna cosa en común más que aquel beso veraniego sigue mirándome como me miró aquel atardecer en nuestro callejón. Esos amores de verano con los que soñaba todo el año y que nunca desaparecen.
